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EN LA PROVINCIA DE ORENSE
PARADOR DE VERIN: REPOSO A ORILLAS DEL RIO TAMEGA
Víctor CEPEDA (Madrid) En la provincia de Orense, a un paso de la frontera de Portugal, los aires de pazo gallego del Parador de Verín llaman la atención del viajero. Su hermosa fachada deja bien claro, a primera vista, lo que esconde en su interior: la más clásica estancia de Galicia. Frente a la fortaleza medieval de Monterrei, el Parador de Verín, en Ourense, presenta en su estructura el aspecto de un típico pazo gallego, con una torre central almenada, estupendas vistas hacia el castillo y panorámicas sobre la localidad que le da nombre y los afamados viñedos del valle. Pero si su fachada ya impresiona, más aún sorprende su interior. Al adentrarse en estos aposentos el viajero se da de bruces con una decoración regia, pero muy acogedora, propia de la Galicia de interior. Algunas de las 22 estancias dobles y la habitación con salón presumen de vistas a la piscina y a los frondosos jardines que rodean el alojamiento, catalogado con tres estrellas. Aire acondicionado, caja fuerte, televisión y minibar son algunas de las prestaciones que permiten al huésped desconectar dentro de la habitación, aunque, sin duda, el mejor lugar de recreo se localiza en la finca que rodea el establecimiento con la zona infantil, situada en el exterior, que hace las delicias de los más pequeños de la casa. Sin embargo, hay una excursión muy cercana, que bien merece la pena. Se trata del paseo por la orilla del río Támega. La caminata brinda al viajero la oportunidad de formar parte de una estampa bucólica, entre árboles y el romántico soniquete del agua. Un poco más allá, pero sin alejarse demasiado del Parador de Verín, el viajero puede descubrir, dirección sur, las modestas tierras de Portugal que, a pesar de ser desconocidas, guardan coquetos tesoros de artesanía y gastronomía. Si el huésped opta por el camino del norte podrá recorrer las Rías Bajas, con insólitos parajes. Paralela a la Vía de la Plata, esta ruta no debe pasar por alto los Molinos de la Veiga o el pueblo de Vilela, con su capilla de San Martiño. Recuperar las fuerzas, tras las excursiones, es sencillo. Tan sólo hay que sentarse a la mesa del restaurante del Parador y disfrutar de la mejor gastronomía de la región. Y no es para menos, pues Verín es fructífera frontera culinaria, ya que goza y presume del mejor pulpo de la zona: pulpo a feira, cocido en caldero de cobre y cortado por las «pulperías» con burdas tijeras. Pero además de pulpo, el comensal puede llevarse a la boca delicias como la posta de bacalao, el lomo de ternera a la gallega, el lacón con grelos y, cómo no, la caldeirada de merluza, todo ello acompañado de los exquisitos fogaciños (panes singulares de la tierra). |
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