Texto: Redacción A.M.
Foto: A.M.
Cuando en Los Angeles empezaban a digerir la pérdida de la ex "ángel de Charlie", Frarrah Fawcett, fallecida el pasado 25 de junio, la ciudad de las "estrellas" era sacudida cinco horas después con otro terremoto emocional: el inesperado fallecimiento de
Michael Jackson. El "rey del pop" tenía cincuenta años y empezaba a levantar la cabeza después de sus problemas financieros y acusaciones de pederastia.
La
web TMZ.com fue el primer medio de información en dar la noticia, a eso de las 12:20 horas (las 21.20 en España) sobre el paro cardiorrespiratorio que sufrió el cantante en su casa de
Hombly Hills, una de las zonas más caras de Los Angeles, por la que pagaba 80.000 euros mensuales. Una hora después, otros dos medios de gran prestigio y solvencia,
"Los Angeles Time" y la revista
"Variety" (la biblia del espectáculo) anunciaban en titulares la muerte del único artista del mundo en vender más de 750 millones de discos. A partir de ese momento, centenares de "fans" comenzaban a llegar al recinto, acordonado previamente por la policía.
En el momento de los hechos,
Michael se encontraba en su espléndida mansión, concentrado y ensayando para superar su nuevo reto profesional, una serie de cincuenta conciertos que iban a celebrarse en Londres a partir del 13 de julio y por los que iba a recibir unos 800.000 euros por noche. De repente, el artista empezó a sentirse mal y a sufrir serias dificultades respiratorias. Uno de sus asistentes llamó al 911 y 3 minutos y 17 segundos después, el equipo de bomberos y los paramédicos llegaban a la residencia, que intentaron reanimar al cantante durante casi una hora, siendo trasladado posteriormente al hospital de UCLA, a donde llegó en estado de coma, certificándose su muerte a las 23:26 hora española. El médico forense
Fred Corral anunció públicamente que el artista había fallecido por un colapso cardíaco fulminante.
A partir de esos instantes, empezaron a dispararse los rumores e hipótesis sobre las causas reales del la muerte. Todo apunta a que Jackson ingirió una sobredosis de medicamentos prescritos para aliviar los fuertes dolores de espalda que padecía desde hacía años, entre ellos el
Demerol, que es muy parecido a la morfina, y el narcótico
Dilaucid. Habrá que esperar, sin embargo, al examen toxicológico para determinar si al artista se le fue efectivamente la mano y su fallecimiento fue accidental. Por este motivo,
la división de homicidios del Departamento de Policía de Los Angeles ha abierto una investigación rutinaria para esclarecer las causas de tan inesperada muerte.
Después del funeral, cuya fecha aún no se ha fijado, se espera una lucha encarnizada entre sus familiares por controlar el amplio legado del intérprete, valorado en varios cientos de millones de euros entre bienes inmuebles, cuentas corrientes y los derechos de imagen y canciones.
Debbie Rowe, segunda esposa del cantante y madre de dos de sus tres hijos biológicos,
Prince Michael Joseph, de doce años, y
Paris Michael Katherine, de once, ya ha alertado a sus abogados para sacar la mejor tajada. Además, el artista, que estuvo casado en primeras nupcias con la hija de
Elvis Presley,
Lisa Marie, tiene otro hijo,
Prince Michael II, de siete años, concebido a través de una madre de alquiler. En teoría, ellos son los herederos universales de una obra que se mantendrá más viva que nunca.